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Noticias Nacionales y Locales
Noticias a lo largo de la historia

Uno de mis primeros recuerdos es cuando mi abuela nos explicó a mí y a mi hermana que para ser una mujer digna tendríamos que casarnos y velar por la felicidad de la familia. Me decía: "Tu único deber es ser buena con tu esposo y sus padres. La verdadera casa de una mujer es la de su esposo. Tus padres no tienen ningún derecho y solo te cuidan hasta que el esposo venga a llevarte a tu verdadera casa". Esos son los valores que aprendí de niña y que vi a mi alrededor, y contra los cuales me rebelé y sigo luchando. Dicen que ser mujer en Nepal, y probablemente en todo el sur de Asia, es una "maldición". En la época de mis bisabuelos, mataban a las recién nacidas aplastándoles la cabeza con un objeto pesado. Hoy tienen métodos más fáciles y tecnológicos de hacerlo. A una mujer le dicen que su deber es consagrarse a su esposo, un hombre escogido por la sociedad y la familia y que ni siquiera conoce. Los matrimonios concertados son la norma en Nepal y una buena hija se casa con el hombre que escogen los padres. Fue muy difícil ser rebelde en una sociedad dominada por los hombres. Todos los días oía de padres que vendían a una adolescente, o de que secuestraban a una joven, o de que un hombre se la llevaba a India para venderla como prostituta. Reciben un buen precio por las jóvenes nepalesas. En Nepal tratan a las víctimas de violación como si fueran delincuentes. Recuerdo un incidente que ocurrió cuando tenía 12 años. A una joven de un barrio cercano la violaron un grupo de hombres y la pobre se suicidó varias semanas después. Le decían que su vida no valía nada, que nadie decente se casaría con ella. Recuerdo que mis padres nos decían a mí y a mi hermana: "Si las violan, más vale matarse que vivir con la mancha de la impureza el resto de la vida".


Nunca podía comer hasta que todos los demás habían comido y tenía que comer en el plato de mi padre. Cuando veo imágenes de mujeres nepalesas con fusiles me parecen un sueño convertido en realidad. Me fascina la fuerza y resolución que se les ve en los ojos. Tradicionalmente la mujer solo conoce la dominación de los hombres e incluso de las mujeres. Es una cultura de mujeres sumisas. Hasta hace un par de años las mujeres no podían ser dueñas de propiedad y no podían heredar la propiedad de los padres. Si una pareja no tenía hijos, heredaban los nietos. Para una mujer es sumamente difícil divorciarse, y solo puede separarse del esposo tras 15 años de casamiento y si tiene más de 35 años de edad, y solo si tiene pruebas de que él la golpea o maltrata frecuentemente, que tiene otra esposa, que no le da dinero para mantenerse o que él o su familia la expulsaron de la casa. La propiedad es otra cosa. Una esposa no tiene derecho a recibir la mitad de la propiedad del esposo. Si recibe alguna propiedad tiene que compartirla con los hijos y nietos. La mujer no puede vender la propiedad ni nada de lo que ha comprado o recibido. ¡Incluso si tiene la aprobación escrita de su padre, esposo o hijo, solo puede vender la mitad! Si un hombre nepalés se casa con una extranjera, ella automáticamente es ciudadana. Pero si una nepalesa se casa con un extranjero, él no puede hacerse ciudadano. Llevamos muchos años luchando de una manera lenta e ineficaz. Ahora la mujer habla por medio del fusil y constituye un tercio del ejército rebelde, y el gobierno no tiene opción: tiene que escucharnos. Por eso apoyo la revolución. Este sistema patriarcal ha debilitado a la mujer económica, social y culturalmente. ¡Es hora de ponernos de pie y luchar!