Una, La de Agbani, 18 años y Miss Mundo, conduce al placer y la riqueza. Otra, la de Amina, 31 años y pobre de solemnidad, hacia la muerte por lapidación. Un acreditado periodista nigeriano escribe la historia de dos mundos y dos mujeres
Resulta extraño que sus vidas hayan terminado por cruzarse. Agbani Darego y Amina Lawal habían crecido tan lejos una de otra en lo geográfico, en lo económico, en lo religioso, en lo cultural que parecía que lo único que compartían era el ser nigerianas.
Agbani, de 18 años, ha crecido en una coqueta ciudad portuaria; Amina, de 31 años, en el campo. Agbani, felizmente soltera, cursó Secundaria y empezó estudios universitarios de Informática; Amina, dos veces divorciada y madre de tres hijos, dejó la escuela algo antes de los 14 años, la edad a la que se casó por primera vez.Agbani es una devota cristiana que afirma que si tuviese que llevarse un libro a una isla desierta sería la Biblia; Amina, una devota musulmana a la que todas las palabras que le salieron en el trance más amargo de su vida fueron: «Lo dejo todo en manos de Alá».
Agbani, finalmente, será siempre recordada por esa sonrisa de dentadura casi perfecta con la que el 16 de noviembre de 2001 recogió en la localidad sudafricana de Sun City la corona de Miss Mundo que la acreditaba como la primera mujer del país en alcanzar tal distinción.
De Amina, en cambio, queda la mirada perdida, desoladora, con que el 19 de agosto de 2002 recibió el fallo del tribunal islámico que ratificaba su condena a morir lapidada por adulterio y que, si nada lo remedia, la convertirá en la primera mujer ejecutada en el país desde que, a partir febrero de 2000, los 12 estados con mayoría de población musulmana del norte hayan decidido instaurar la sharia o ley coránica.