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Noticias Nacionales y Locales
Noticias a lo largo de la historia

Seis y treinta de la mañana. Un viernes cualquiera en nimule, un pequeño poblado fronterizo del sur de Sudán. Con la primera luz del día y el canto de un gallo vecino, la pequeña Plama y dos muchachas más son “acomodadas” para practicarles la mutilación genital, un método abominable que ensombrece cada día la vida de 6.00 muchachas en el mundo. La desgracia tiene a menudo rostro de mujer y cada vez son más las niñas que pierden su infancia unas horas antes de sus primeras menstruaciones. Y Palma o iba a ser la excepción.

A la ceremonia no falta nadie. Con antelación suficiente los más ancianos han señalado las candidates, a cada una de las madrinas y la fecha de las sentencias. Palma tiene atadas las manos para que no se mueva y las peirnas separadas por sus familiares. Está tumbada en el suelo. Desnuda encima de una tierra seca y el peinado que le han hecho para la ocasión. Aparecen un coro con cánticos y breves oraciones dan comienzo para bendecir un ritual donde todo se sucede con una extraña rapidez. La comadrona precipita sobre el sexo de la joven y con su mano derecha y una vieja cuchilla de afeitar entre los dedos le va practicando una serie de cortes conforme dictan las costumbres. Nada más terminar la “ejecución”. Palma se seca unos cuantos lagrimones de impotencia y se lleva rápidamente las manos a la zona dolorida. Apenas se le han escapado un par de quejidos, pues se le exige guardar silencio para no deshonrar a su familia lo suficientemente pobre como para enfrentarse a los horarios de la partera. Su madre ha tenido que pedir prestados unos cuantos kilos de molienda de maíz y media docena de hatajos de leña para cuadrar las cuentas.

Palma cumplirá con la próxima luna llena los 11 años y ya conoce el terrible saber de su aldea, una agresión de graves consecuencias físicas y psicológicas para su desarrollo como mujer y que se viene utilizando como mecanismo de control sexual femenino utilizando ridículas prescripciones religiosas, sociales y espirituales. Pero, a buen seguro. Palma también transmitirá a sus hijos este terrible saber. Al menos, para que sean reconocidas socialmente y deseadas por los ojos de cualquier varón.